Julio Martínez Molina
Circula en el planeta digital una peliculita llamada Runner Runner, la cual no tiene otro valor que mostrar cómo operan los gringos en las repúblicas bananeras, desde siempre y todavía. Benn Afleck dirige un garito virtual de apuestas en cierta nación centroamericana, donde los jerifaltes le dejan hacer, mientras le entregue dinero. Allí las prostitutas son ofrecidas como regalo a los políticos y todo es decadencia, empobrecimiento espiritual.
A quien no le interese consultar un libro de la historia seudorrepublicana en Cuba, le bastaría con ver una de las partes de la trilogía de El Padrino, para atestiguar cuán igual era La Habana de los tiempos mafiosos de Mayer Lanski, los casinos y -de nuevo-, prostitutas, proxenetas, drogas, extorsión, dinero para los ricos e indigencia para los pobres. Un pasaje ambientado por Coppola en el lupanar capitalino visibilizaba con elocuencia aquel ambiente de depravación.
