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jueves, 5 de diciembre de 2013

EEUU, la NSA, Google... o cómo hacer desaparecer la verdad en Internet

Peter Van Buren*

¿Qué tal si se hiciera desaparecer a Edward Snowden? No, no estoy sugiriendo una futura entrega de la CIA o una teoría de la conspiración sobre una desaparición, del tipo Quién-Mató-a-Snowden, sino algo más ominoso.
¿Qué tal si se hiciera que cada denunciante (N. de la T: en el inglés original, “whistleblower”, es decir, alguien que denuncia una organización, sea el gobierno o una corporación, desde su interior) que ha quedado alguna vez al descubierto simplemente desapareciera? ¿Qué tal si cada documento de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, en su sigla en inglés) que Snowden difundió, cada entrevista que dio, cada rastro documentado sobre la existencia de un Estado de seguridad nacional salido de control pudiera hacerse desaparecer en tiempo real? ¿Qué tal si cada publicación sobre cada una de esas revelaciones pudiera convertirse en un esfuerzo inútil, del que no quedara registro?

¿Estoy sugiriendo el argumento para una novela de un George Orwell del siglo XXI? Dificilmente. A medida que avanzamos hacia un mundo más completamente digital, este tipo de cosas será posible, no en la ciencia ficción sino en el mundo en que vivimos; y con la simple presión de un botón. Los primeros prototipos de un nuevo tipo de “desaparición” ya están siendo testeados. Estamos más cercanos a una realidad shoqueantemente distópica, antaño material de novela futurística, de lo que imaginamos. Bienvenidos al agujero de la memoria.
Incluso si algún gobierno futuro cruzara una de las pocas líneas rojas que todavía quedan por cruzar en nuestro mundo y simplemente asesinara a sus denunciantes a medida que surgieran, siempre emergerían otros. En 1948, en su escalofriante novela 1984, Orwell sugirió sin embargo una solución mucho más diabólica al problema. Creó de la nada un objeto tecnológico para el mundo del Gran Hermano al que llamó “el agujero de la memoria”. En su tenebroso futuro, ejércitos de burócratas de lo que sarcásticamente llamó el Ministerio de la Verdad, pasaban sus vidas borrado o alterando documentos, diarios, libros y cosas por el estilo para crear una versión aceptable de la historia. Cuando una persona caía en desgracia, el Ministerio de la Verdad lo arrojaba, junto con toda la documentación relativa a ella, al agujero de la memoria. Cada historia o informe en el que su vida estuviera en cualquier modo mencionada o registrada sería editada, para borrar todo rastro.
En el mundo predigital de Orwell, el agujero de la memoria era un tubo de aspiradora en el que los viejos documentos desaparecían, físicamente, para siempre. Las alteraciones de documentos existentes y el entierro de otros garantizaba que aún un repentino cambio de enemigos y de alianzas globales no presentara problemas para los guardianes del Gran Hermano. En el mundo que imaginó, gracias a esos ejércitos de burócratas, el presente era lo que siempre había sido; allí estaban esos documentos alterados para probarlo y no había nada, salvo recuerdos dudosos, que dijera lo contrario. Cualquiera que manifestara dudas sobre la verdad o el presente era, bajo el “crimendepensamiento”, marginalizado o eliminado.

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Crecientemente, la mayoría de nosotros obtenemos nuestras noticias, libros, música, TV, películas y comunicaciones de todo tipo en forma electrónica. En estos días, Google obtiene más ganancias en avisos publicitarios que todos los medios impresos de los Estados Unidos sumados. Hasta el venerable Newsweek ya no publica una edición en papel. Y en ese mundo digital, un cierto tipo de “simplificación” está siendo explorado.
Los chinos, los iraníes y otros, por ejemplo, ya han implementado estrategias de filtración para bloquear acceso a sitios y materiales online que sus gobiernos no aprueban. El gobierno de los Estados Unidos, del mismo modo (aunque infructuosamente) bloquea para sus empleados el acceso a Wikileaks y a material relativo a Edward Snowden (así como sitios como TomDispatch) en sus computadoras de trabajo; aunque no, por supuesto, en las de sus casas. Por ahora.
Gran Bretaña, sin embargo, pronto dará un paso importante sobré que puede ver un ciudadano privado en la web incluso desde su casa. Antes de fin de año, casi todos los usuarios de Internet serán “anotados” en un sistema designado para filtrar pornografía. Por default, los controles también bloquearán acceso a “material violento”, “contenido relacionado con el extremismo y el terrorismo”, “websites sobre anorexia y desórdenes alimenticios”, y “websites relacionados con el suicidio”.
Además, la nueva configuración censurará sitios que mencionen bebidas alcohólicas y fumar. El filtro también bloqueará “material esotérico”, aunque un grupo de derechos civiles basado en el Reino Unido dice que el gobierno todavía debe definir qué incluirá esa categoría.
Y las formas de censura en Internet impulsadas por el gobierno están siendo privatizadas. Nuevos productos comerciales disponibles garantizan que una organización no necesita ser la NSA para bloquear contenido. Por ejemplo, la compañía de seguridad internética Blue Coat es líder doméstico en esa área y un exportador importante de ese tipo de tecnología. Puede fácilmente instalar un sistema para monitorear y fitrar todo el uso de Internet, bloqueando sitios web por sus direcciones, por palabras clave o incluso por su contenido. Entre otros, el software de Blue Coat es usado por el ejército de los Estados Unidos para controlar lo que ven sus soldados destinados en el extranjero, y por los gobiernos represivos de Siria, Arabia Saudita y Burma para bloquear ideas políticas externas.

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En este sentido, el comando de búsqueda de Google ya “desaparece” material. Actualmente, Google es el bueno contra el “whistleblower” malo. Una rápida búsqueda en Google (0,22 segundos) arroja más de 48 millones de hits sobe Edward Snowden, la mayoría referidas a su filtración de documentos de la NSA. Algunos de los sitios incluso muestran los documentos, todavía con el cartel de “Ultrasecreto”. Hace menos de medio año, había que pertenecer a un grupo muy selecto del gobierno, o un contratista con conexiones, para ver algo así. Ahora, están desparramados por la web.
Google (como Google es el motor de búsqueda número uno del planeta, lo usaré aquí como sinónimo de motor de búsqueda, incluso de aquellos todavía por inventarse) es, en un sentido, maravilloso y parece una máquina inmensa para distribuir, y no para suprimir, noticias. Pongan lo que quieran en la web, que Google lo encontrará rápidamente y lo agregará a sus resultados mundiales de búsqueda, algunas veces en cuestión de segundos. Sin embargo, como la mayoría de la gente jamás va más allá de las primeras páginas de resultados de búsquedas, ser desaparecido ya tiene todo un nuevo significado online. Ya no alcanza con que Google te preste atención. Lo que importa ahora es llegar a un lugar lo suficientemente alto en la página de resultados para ser notado. Si tu trabajo está en el puesto 47.999.999 de los resultados sobre Snowden, es lo mismo que si estuvieras muerto, que si hubieras desaparecido. Es un punto de partida para formas más importantes de desaparición que sin duda nos esperan en el futuro.
Esconder algo de la vista de los usuarios mediante la reprogramación de los motores de búsqueda es uno de los siniestros próximos pasos. Otro es el borrado directo de contenido, un proceso tan simple como transformar la codificación del proceso de búsqueda en algo predatorio. Y si Google se niega a implementar el cambio sobre las “búsquedas negativas”, la NSA, que ya parece poder meterse adentro de Google, puede implantar su propia versión de código malicioso como ya lo hizo en al menos 50.000 casos.
Pero no hace falta hablar del futuro: he aquí cómo está ya en funcionamiento una estrategia de búsqueda negativa, aun cuando su enfoque –mayormente, sobre pedófilos—es fácil de aceptar. Google presentó recientemente un nuevo software que hace más difícil a los usuarios encontrar material sobre abuso infantil. Como dijo el director de la compañía, Eric Schmidt, Google Search ha sido “afinado” para limpiar los resultados de más de 100.000 términos usados por pedófilos en busca de pornografía infantil. Ahora, por ejemplo, cuando los usuarios tipean búsquedas que pueden estar relacionadas con abuso sexual infantil, no encontrarán ningún resultado que los dirija a contenido ilegal. En cambio, Google los redirigirá a sitios de ayuda y asesoramiento. “Pronto incluiremos estos cambios en más de 150 idiomas, para que el impacto sea realmente global”, escribió Schmidt.
Mientras Google redirige búsquedas de pornografía infantil a sitios de asesoramiento, la NSA desarrolló una habilidad parecida. La agencia ya controla un grupo de servidores bajo el nombre clave Quantum instalados en la red troncal de Internet. Su tarea es redigirir “objetivos” lejos de sus destinos buscados hacia sitios de elección de la NSA. La idea es que tipees el nombre de la página web que quieras y termines en algún otro lado menos preocupante para la agencia. Mientras que ahora la tecnología puede estar concentrada en enviar a aspirantes a jihadistas hacia material islamista más moderado, en el futuro podría, por ejemplo, redirigir a gente que busca noticias hacia sitios que se parecen a Al-Jazeera pero con contenido alterado para ajustarse a la versión de los hechos que prefiere el gobierno.

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Pero las tecnologías de bloqueo y redireccionamiento, que están destinadas a mayores niveles de sofisticación, serán sin duda lo menor del asunto en el futuro. Google ya está llevando las cosas al siguiente nivel, al servicio de una causa que todo el mundo aplaudiría. Están implementando tecnología de detección de imágenes para identificar fotografías de abuso infantil cada vez que aparezcan en el sistema, y también está probando tecnología para retirar videos ilegales. Las acciones de Google contra la pornografía infantil puede ser bienintencionadas, pero la tecnología que está desarrollando al servicio de esas acciones deberían darnos escalofríos a todos. Imaginen si, en 1971, los Pentagon Papers, el primer pantallazo que la mayoría de los estadounidenses tuvieron sobre las mentiras detrás de la Guerra de Vietnam, hubieran sido borrables. ¿Quién puede creer que la Casa Blanca de Nixon no hubiera hecho desaparecer esos documentos y que la historia hubiera tomado un rumbo diferente, más nefasto?
O considerá un ejemplo que está entre nosotros. En 2009, muchos dueños de Kindle descubrieron que Amazon se había metido en sus dispositivos por la noche y borrado remotamente sus copias de Animal Farm y de 1984 (la ironía fue involuntaria) de Orwell. La empresa explicó que los libros, “publicados” por error en sus máquinas, eran copias ilegales de las novelas. Del mismo modo, en 2012, Amazon borró sin aviso los contenidos del Kindle de un cliente afirmando que su cuenta estaba “directamente relacionada con otra previamente cerrada por abuso de nuestras políticas comerciales”. Con la misma tecnología, Amazon tiene el poder de reemplazar libros en tus dispositivos con versiones “actualizadas”, el contenido alterado. Si te notifican o no, es prerrogativa de Amazon.
Además de tu Kindle, el control remoto sobre tus otros dispositivos es ya una realidad. Mucho del software en tu computadora se comunica con sus servidores base, y así está abierto a “actualizaciones” que pueden alterar contenido. La NSA usa malware –software malicioso implantado remotamente en una computadora—para cambiar cómo operan las máquinas. El código Stuxnet que probablemente dañó unas 1.000 centrífugadoras que los iraníes usaban para enriquecer uranio es un ejemplo de cómo puede funcionar este tipo de cosas.
En estos días, cada iPhone se comunica con sus oficinas centrales para anunciar qué aplicaciones has comprado; en la letra chica de los contratos que suelen ser aceptados rutinariamente, Apple se reserva el derecho a hacer desaparecer cualquier aplicación por cualquier motivo.
En 2004, TiVo demandó judicialmente a Dish Network por entregar a sus clientes decodificadores que según TiVo violaban sus patentes de software. Aunque el caso se arregló con el pago de una suma sustanciosa, como solución inicial el juez ordenó a Dish que desconectara electrónicamente los 192.000 dispositivos que había instalado en hogares de sus clientes. En el futuro, habrá aún más modos de invadir y controlar computadoras, alterar o hacer desaparecer lo que estás leyendo y desviarte hacia sitios que no estabas buscando.
Las revelaciones de Snowden sober lo que hace la NSA para juntar información y controlar la tecnologíca, que han cautivado al planeta desde junio, son sólo parte de la ecuación. Cómo ampliará el gobierno sus poderes de vigilancia y control en el futuro es una historia todavía por contarse. Imagina la creación de instrumentos para ocultar, alterar o borrar contenido con campañas de difamación para desacreditar o disuadir a denunciantes (whistleblowers), y el poder potencial disponible para gobiernos y corporaciones queda más claro.
La capacidad de pasar de la alteración de contenidos a la alteración de cómo actúa la gente es obviamente parte de la agenda de gobiernos y corporaciones. La NSA ha reunido ya información útil para chantaje sobre los hábitos de consumo de pornografía digital de musulmanes “radicales”. La NSA intentó intervenir el teléfono de un congresista sin orden judicial. La capacidad de recoger información sobre jueces federales, líderes de gobierno y candidatos presidenciales vuelven a los planes de chantaje de J. Edgar Hoover de los años 50 tan pintorescos como los calcetines cortos o las faldas campana de aquella época. Las maravillas de Internet suelen dejarnos anonadados. Las posibilidades distópicas, orwellianas, que ofrece Internet no habían captado hasta ahora nuestra atención del mismo modo. Deberían hacerlo.

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El futuro de los denunciantes (whistleblowers) es desalentador. En un tiempo no tan lejano, cuando casi todo sea digital, cuando mucho del tráfico mundial de Internet fluya directamente a través de los Estados Unidos o sus países aliados, o a través de infraestructura de compañías estadounidenses en el exterior, cuando los motores de búsqueda sean capaces de encontrar prácticamente cualquier cosas que exista en línea en fracciones de segundo, cuando el Acta Patriótica y las sentencias secretas de la Corte de Vigilancia de Inteligencia Extranjera conviertan a Google y similares gigantes tecnológicos en herramientas del estado de seguridad nacional (asumiendo que organizaciones como la NSA no se hagan cargo directamente del negocio de búsqueda) y cuando la tecnología sofisticada pueda bloquear, alterar o borrar material digital con la simple presión de un botón, el agujero de la memoria ya no es una ficción.
Las informaciones filtradas serán tan inútiles como unos viejos libros cubiertos de polvo en el ático si nadie sabe sobre ellas. Adelante, publica lo que quieras. La Primera Enmienda te lo permite. ¿Pero cuál es el sentido, si nadie puede leerlo? Sería más ventajoso que te pares en una esquina y lo grites a los transeúntes. En al menos un escenario futuro de fácil realización, una cantidad de revelaciones como las de Snowden serán bloqueadas o borradas tan pronto como sean posteadas.
La siempre en desarrollo tecnología de búsqueda, girada en 180 grados, será capaz de hacer desaparecer las cosas de un modo significativo. Internet es un lugar vasto, pero no es infinito. Está siendo crecientemente centralizado en las manos de unas pocas compañías bajo el control de unos pocos gobiernos, con los Estados Unidos sentado en una de las mayores rutas de tránsito a lo largo de la red troncal de Internet.
A esta altura, deberías sentir un escalofrío. Estamos viendo en tiempo real cómo 1984 se vuelve de fantasía futurista de un pasado lejano a manual de instrucciones. No habrá necesidad de matar a un futuro Edward Snowden. Ya estará muerto.
 
(*) El autor fue un whisteblower del Departamento de Estado de los Estados Unidos. Denunció malos manejos durante la reconstrucción de Irak, en su primer libro,
We Meant Well: How I Helped Lose the Battle for the Hearts and Minds of the Iraqi People. Es habitual colaborador de TomDispatch, y escribe sobre hechos de actualidad en su blog We Meant Well.

Fuente con traducción:
http://www.elpuercoespin.com.ar/2013/12/03/como-hacer-desaparecer-la-verdad-en-internet-por-peter-van-buren/

Original en inglés:
http://www.tomdispatch.com/blog/175779/

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