Julio Martínez Molina
Preludiados quizá no tanto por Orwell como por la historieta Custer (1986), con los reality shows -en la televisión ya desde antes que en 1999 se emitiese el primer Gran Hermano oficial en Holanda-, este medio de comunicación arribó a la etapa de entronización absoluta de lo trash o basura como concepto definitorio. La humanidad y la sensibilidad del individuo, preceptos básicos aparejados a las conquistas de los procesos revolucionarios post-1789, quedaron apisonados a partir de su puesta en funcionamiento, a medro del voyeurismo personal, el morbo, el odio social o los raseros totalmente desvirtuados a la hora de medir los presuntos talentos de las personas.
Ya el asunto ha llegado a ribetes tan increíbles de imbecilidad o malignidad, según se mire, que, por citar uno solo entre innumerables ejemplos, millones de personas se quedan aleladas en sus televisores mientras que alguien tan profundamente insulso como la norteamericana Kim Kardashian decide cuál vestuario ponerse a la mañana.
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domingo, 1 de marzo de 2015
La “kardashianimbecilidad”
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storm captain
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jueves, 5 de diciembre de 2013
EEUU, la NSA, Google... o cómo hacer desaparecer la verdad en Internet
Peter Van Buren*
¿Qué tal si se hiciera desaparecer a Edward Snowden? No, no estoy sugiriendo una futura entrega de la CIA o una teoría de la conspiración sobre una desaparición, del tipo Quién-Mató-a-Snowden, sino algo más ominoso.
¿Qué tal si se hiciera que cada denunciante (N. de la T: en el inglés original, “whistleblower”, es decir, alguien que denuncia una organización, sea el gobierno o una corporación, desde su interior) que ha quedado alguna vez al descubierto simplemente desapareciera? ¿Qué tal si cada documento de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, en su sigla en inglés) que Snowden difundió, cada entrevista que dio, cada rastro documentado sobre la existencia de un Estado de seguridad nacional salido de control pudiera hacerse desaparecer en tiempo real? ¿Qué tal si cada publicación sobre cada una de esas revelaciones pudiera convertirse en un esfuerzo inútil, del que no quedara registro?
¿Qué tal si se hiciera desaparecer a Edward Snowden? No, no estoy sugiriendo una futura entrega de la CIA o una teoría de la conspiración sobre una desaparición, del tipo Quién-Mató-a-Snowden, sino algo más ominoso.
¿Qué tal si se hiciera que cada denunciante (N. de la T: en el inglés original, “whistleblower”, es decir, alguien que denuncia una organización, sea el gobierno o una corporación, desde su interior) que ha quedado alguna vez al descubierto simplemente desapareciera? ¿Qué tal si cada documento de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, en su sigla en inglés) que Snowden difundió, cada entrevista que dio, cada rastro documentado sobre la existencia de un Estado de seguridad nacional salido de control pudiera hacerse desaparecer en tiempo real? ¿Qué tal si cada publicación sobre cada una de esas revelaciones pudiera convertirse en un esfuerzo inútil, del que no quedara registro?
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storm captain
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lunes, 29 de julio de 2013
¡SOS, Snowden!
Luis Britto García
1. En su antiutopía Nosotros, Evgeny Zamiatin imagina un mundo con rascacielos con paredes, techos y pisos de cristal, donde ningún acto pasa desapercibido para los demás. En 1984, de George Orwell, hay ubicuas pantallas de televisión inapagables que nos espían. Vivimos esa fábula: ninguno de nuestros actos puede ser ya ocultado, pero para observadores que nos escrutan detrás de espejos impenetrables. Saber es poder. Los espías conocen todo de nuestras llamadas telefónicas, correos, ingresos, gastos, hábitos de consumo, ideas, enfermedades, relaciones, ubicación. Este flujo de información es unilateral.
Espiar es poder. Con el pretexto de la guerra contra el terrorismo hemos caído en el terror total.
1. En su antiutopía Nosotros, Evgeny Zamiatin imagina un mundo con rascacielos con paredes, techos y pisos de cristal, donde ningún acto pasa desapercibido para los demás. En 1984, de George Orwell, hay ubicuas pantallas de televisión inapagables que nos espían. Vivimos esa fábula: ninguno de nuestros actos puede ser ya ocultado, pero para observadores que nos escrutan detrás de espejos impenetrables. Saber es poder. Los espías conocen todo de nuestras llamadas telefónicas, correos, ingresos, gastos, hábitos de consumo, ideas, enfermedades, relaciones, ubicación. Este flujo de información es unilateral.
Espiar es poder. Con el pretexto de la guerra contra el terrorismo hemos caído en el terror total.
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domingo, 2 de octubre de 2011
Anzuelo para incautos
Hace poco más de una semana Fanal Cubano publicó un artículo del analista George Farah intitulado El control secreto de los debates presidenciales en EEUU, material que certifica el declarado carácter de show mediático que encierra cada publicitado cara a cara entre potenciales candidatos a la silla ejecutiva en la Casa Blanca.
Como anzuelo para incautos, en la portada del diario The Washington Post se publicita un próximo debate republicano para el martes 11 de octubre. El spot "convida" a los lectores e incita a "participar" inquiriendo ¿Qué te gustaría preguntar a los candidatos? con una exhortación a unirse a la conversación a través de Twitter mediante el hastag #econdebate.
Tengo mis dudas. De persistir la avalancha que cual alud de nieve crece por horas liderada por el movimiento Occupy Wall Street, los organizadores del debate deben andar preocupados del modo que buscarán para resistir los embates de miles de preguntas incómodas a través de la red social.
La otra es: ¿responderán con sinceridad a los reclamos de los miles y miles sumados a las marchas no ya sólo en Wall Street?
Creo con sinceridad que los resultados (si antes no optan por postergarlo para fechas más "apropiadas") le darán una vez más la razón a Farah sobre su investigación y quiénes son en realidad los encargados de manipular estos shows televisados de costa a costa.
Como anzuelo para incautos, en la portada del diario The Washington Post se publicita un próximo debate republicano para el martes 11 de octubre. El spot "convida" a los lectores e incita a "participar" inquiriendo ¿Qué te gustaría preguntar a los candidatos? con una exhortación a unirse a la conversación a través de Twitter mediante el hastag #econdebate.
Tengo mis dudas. De persistir la avalancha que cual alud de nieve crece por horas liderada por el movimiento Occupy Wall Street, los organizadores del debate deben andar preocupados del modo que buscarán para resistir los embates de miles de preguntas incómodas a través de la red social.
La otra es: ¿responderán con sinceridad a los reclamos de los miles y miles sumados a las marchas no ya sólo en Wall Street?
Creo con sinceridad que los resultados (si antes no optan por postergarlo para fechas más "apropiadas") le darán una vez más la razón a Farah sobre su investigación y quiénes son en realidad los encargados de manipular estos shows televisados de costa a costa.
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sábado, 24 de septiembre de 2011
El control secreto de los debates presidenciales en EEUU
![]() |
| Debate Obama-McCain, la más reciente de las farsas. Ambas partes negociaron un detallado contrato secreto que estableció los términos de los cara a cara durante la campaña de 2008. |
George Farah
Los candidatos de los partidos políticos norteamericanos aspirando a conquistar el sillón presidencial de la Casa Blanca siempre fueron sometidos en el pasado a la ruda prueba de los debates presidenciales abiertos, en directo y ante las cámaras de la televisión, para el gran regocijo e interés de los ciudadanos.
Pero esta esencia democrática de cuestionar, interrogar a los pretendientes presidenciales ya no existe hoy en día. Grupos financieros y comerciales han tomado el control de estos debates, impidiendo así toda pregunta incomoda o cuestionamiento de los verdaderos problemas y desafíos fundamentales de la nación.
¿Cómo ha sucedido?
Desde 1987, una empresa privada creada por y para los partidos Republicano y Demócrata, llamada Comisión de Debates Presidenciales (CPD, su sigla en inglés), patrocina las discusiones de los candidatos presidenciales y pone en práctica los contratos de estas controversias.
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storm captain
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