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domingo, 14 de septiembre de 2014

La guerra es una locura de la cual la humanidad aún no ha aprendido la lección, dice el Papa

El Papa Francisco reiteró este domingo su llamado a la paz, y aseguró que la guerra es una locura de la cual la humanidad aún no ha aprendido la lección.
Concluido el rezo del Ángelus, el Sumo Pontífice recordó su viaje de este sábado a la región italiana de Friuli Venezia, donde visitó el cementerio militar de Redipuglia, y oró por los muertos a causa de la gran guerra.
Retomando las ideas expresadas la víspera, el Papa señaló que “la guerra trastorna todo… y no se detiene ante nada ni ante nadie: ancianos, niños, madres, padres… La guerra es una locura; su programa de desarrollo es la destrucción: ¡querer desarrollarse, crecer mediante la destrucción!”.

Los motivos “que alimentan el espíritu bélico”, dijo, son “la avaricia, la intolerancia, la ambición de poder”. Estas razones, explicó, “a menudo encuentran justificación en una ideología; pero antes está la pasión, el impulso desordenado”.
El Santo Padre lamentó el que hoy haya tantas víctimas. “¿Cómo es posible esto? Es posible porque también hoy, en la sombra, hay intereses, estrategias geopolíticas, codicia de dinero y de poder, y está la industria de las armas, que parece ser tan importante”.
Insistió en que todo “esto nos hace entender que la guerra es una locura, una locura de la cual la humanidad todavía no ha aprendido la lección, porque después de esa, hubo otra segunda guerra mundial, y tantas otras que hoy aún están en curso”.
“Pero, ¿cuándo aprenderemos, cuándo aprenderemos nosotros esta lección?”, cuestionó el Papa Francisco dando continuidad a la idea expresada en su visita al cementerio de Redipuglia, donde afirmó que “tras el segundo fracaso de una guerra mundial, quizás se puede hablar de una tercera guerra combatida ‘por partes’, con crímenes, masacres, destrucciones”.
Francisco alentó “que lo antes posible la violencia ceda el paso al diálogo; que los despliegues opuestos dejen de lado los intereses particulares y se preocupen para que cada ciudadano, perteneciente a cualquier etnia y religión, pueda colaborar para la edificación del bien común”.

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