Enrique Milanés León
Duele escribirlo, pero no pocos cubanos huyen despavoridamente de José Martí. No en la palabra, que a menudo consigue disfrazarlos, sino en los hechos, ese fiel autorretrato de cada uno. Se alejan un paso de la órbita limpia del Apóstol y muy pronto pierden brújula y gravedad en la andadura moral de esta centuria.
Martí no les conviene. Ese hombre de ropa escasa, de comida frugal, de hondo calado, de cero tienda y tanta alma es un adversario formidable de los esclavos de las marcas y los cultores de lo superfluo que han crecido también aquí, en las márgenes del proyecto cubano, y que a la sombra de unos cuantos billetes pretenden acaparar los beneficios de un proceso que pertenece a todos los cubanos.
Porque junto al pueblo que lucha pulcramente —y que con justicia recibe la mayor parte de las miradas de la prensa— han proliferado vanidades, egoísmos, ambiciones… que se erigen en negación frontal del ideario del héroe de Dos Ríos.
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jueves, 28 de enero de 2016
Ese misterio que merece plena compañía
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storm captain
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sábado, 19 de mayo de 2012
Después del después
Melissa Cordero Novo
Qué así como esas
hojas en el techo /
refléjense al morir
nuestras figuras /
agrandadas en el cielo.
agrandadas en el cielo.
José Martí
Poco pudo hacer el polvo de alas de mariposa. Ínfimos esfuerzos que no detuvieron la pólvora, ni la trayectoria, ni el combate. Allí, en Dos Ríos, se detuvo la grandeza de quien aprendió a comer grilletes y llagas sin desprender una sola lágrima. Allí se detuvo.
Enrique Loynaz del Castillo le arrancó al suelo la sangre coagulada de Martí para echarla en un frasco; dicen que había un reguero grande sobre la tierra. Y Gómez, también de frente al sitio donde cayera el Apóstol, sentenció que Pepe fue a la muerte “con toda la energía y el valor de un hombre de voluntad y entereza indomables”.
Nunca más nadie volvió a montar sobre Baconao, que a pesar de ser herido, salió ileso del enfrentamiento donde murió su jinete. Máximo Gómez ordenó, tiempo después, soltarlo en la finca Sabanilla.
Dijo Martí: “en la cruz murió el hombre un día, hay que aprender a morir en la cruz todos los días”. Y se abrió el cielo, y descendió en tormenta aparatosa la muerte misma para desembocar sobre su rostro. El impacto, la sangre, la caída, no debió ser, no podía ser. Pero no hubo mayor grandeza que la suya, ni mejor destino que el de ese amor desenfrenado por Nubia.
“Morir no es acabar”. Por supuesto que no, mi Martí.
Fanal Cubano sugiere buscar y leer:
- Cómo murió José Martí (I)
- Cómo murió José Martí (II)
- Cómo murió José Martí (III y final)
- Cuatro o cinco canas
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storm captain
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jueves, 19 de mayo de 2011
Gotas de sangre sobre las lágrimas (+ Fotos)
Melissa CORDERO NOVO
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| Desde el 19 de mayo de 2002, una guardia de honor permanente ofrece homenaje, respeto y reverencias por los restos de quien viviera y muriera para Cuba. / Foto: Ismael Francisco |
¡Yo quiero romper las jaulas
de todas las aves; que la
naturaleza siga su curso
majestuoso (...) que el ave
vuele libre en su árbol;
y el ciervo salte libre en
su bosque; y el hombre ande
libre en la humanidad!
José Martí
José Martí
CIERRA EL VIENTO los ojos en el preciso instante del silencio, y se levantan luces con sabor a horizontes. Corre el agua pura, ondea la bandera que soportó los toques de a degüello, cristalizan los ojos en los minutos de siempre… Luego, se va deteniendo, insoslayable, la frente de aureolas, la frente de la Revolución, la que vio esclavos ahorcados y sufrió callada con la piel entre grilletes, la frente prodigiosa, la única, la eterna.
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storm captain
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