Primero que todo ofrezco disculpas por llegar tarde al "reparto del mundo", cuando ya amanece ahorita en España y la gente todavía celebra la inclusión en la final de la Eurocopa 2012. Pero a esta edad ya uno no está como para soportar, sin secuelas, 120 minutos de tensión y luego la tanda de los penales, que provocan casi el mismo efecto que un atracón de cerdo y cerveza siendo hipertenso. El asunto es que tras el golazo de Cesc y el brinco en la butaca, la presión arterial se disparó y me prohibieron acercarme a doña PC, que ahora mismo, bajo las agravantes de nocturnidad y alevosía, "acaricio" aprovechando que los "custodios" de casa duermen.
Pues sí, no estaba errado cuando me mantuve en mis trece frente al pretendido pareo finalista entre Portugal e Italia que me vaticinara un amigo de la península con forma de bota de mosquetero.