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domingo, 6 de abril de 2014

Nuestra Belleza Latina: en busca de la mujer florero (II y final)

Julio Martínez Molina

Concluía la anterior parte de la serie con las retrógradas declaraciones del jurado-estrella de Nuestra Belleza Latina (NBL) al New York Times: “Yo digo que la belleza interior no existe. Esos son temas que inventaron las no bonitas para justificarse”. Literalmente de un plumazo el ridículo bicharraco se pasó por la piedra un concepto basal relativo a lo filosófico, lo ontológico y, sobre todo, a la sensibilidad humana. ¡Saint Exupery, te ha corregido Osmel Souza, alguien quien llama gordas, feas, descaradas o poco talentosas a las concursantes!
Por supuesto, no puede ser otro el cuerpo ideológico del programa. En esta mamarrachada (telebasura paradigma de enajenación, frivolidad e intrascendencia artística absoluta, la cual le copia bastante a los concursos de Miss Mundo u otros) están buscando, santificando, vendiendo el prototipo ultraviciado de belleza burguesa, de la mascota domesticada que “adorna” esa consabida casa de muñecas (pobre Ibsen, ¿para qué te adelantaste a tu tiempo, si se continúan produciendo aberraciones como estas?

lunes, 31 de marzo de 2014

Nuestra Belleza Latina: en busca de la mujer florero (I)

Entre culebrones y realitys al estilo Nuestra Belleza Latina, decenas de miles de personas, sobre todo mujeres, se suman en la culta Cuba a la vorágine involutiva de pensamiento que dicta la industria del "entretenimiento" via USB.
Julio Martínez Molina
 
El patriarcado logró sobrevivir, y dominar aun, gracias a la ignorancia impuesta, los sistemas políticos, la religión, un núcleo ancestral de costumbres encaminados a confiar los poderes económicos a los hombres, el consiguiente machismo, los postulados conservadores difundidos por disímiles vías y ¡los medios! Gran parte de responsabilidad, hoy día, le atañe a la industria musical. Un video clip de Daddy Yankee es más nocivo o tóxico que el tristemente célebre libro Cásate y sé sumisa (2013), de la italiana Constanza Mariano, todo un escándalo en Europa pero convertido no obstante en superventas, en el cual la autora plantea ideas como estas: “Comprobarás, te lo puedo asegurar, que un hombre no se puede resistir a una mujer que lo respeta, que reconoce su autoridad, que se esfuerza lealmente en escucharlo, en dejar a un lado su propio modo de ver las cosas, que se muerde la lengua, que acepta por amor recorrer caminos muy distintos a los que ella hubiera elegido de estar sola”.

domingo, 9 de febrero de 2014

Esa blanca lo que quiere es… amor

Con su polémico Blurred Lines, Robin Thicke puso alta la varilla con este de muy mal gusto ejemplo de cosificación sexual de la mujer en la música.
Julio Martínez Molina

Brincos dieras. Así llevaba por título una de las canciones de la ya fallecida e idolatrada cantante mexicana Jenni Rivera, alguien a quien yo en realidad aborrecía pero que en este tema, ha de reconocerse, dijo bien de esos tipejos que mienten sobre las presuntas relaciones carnales practicadas con alguien del sexo opuesto, con los aparentes objetivos de “engrandecerse”, “masculinizarse” ante los oídos de otros estúpidos embobados con la patraña. Tan despreciables son, digámoslo con ella, como aquellos personajillos que también narran sus relaciones, estas sí reales, con otras, plano a plano.
La mujer, pese a siglos de progresivas conquistas (a la verdad derechos), continúa blasfemada, zaherida, ninguneada, cosificada.

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